Alianzas personalizadas

Alianzas personalizadas

Hace tiempo que tenia en mente escribir una entrada dedicada a alianzas, una joya «por excelencia» y que en el taller, también tiene su espacio, aunque tal y como llegan, se van, porque las elaboro al gusto de cada pareja, totalmente personalizadas.

Para que os hagais una idea, el proceso es el siguiente: la pareja se acerca al taller con una idea, más de una o… ninguna! En este primer contacto hablamos sobre posibles materiales, acabados, ancho, grabado/no grabado interior,… Y con toda esta información, prepararo algunos bocetos y presupuestos para que la próxima vez que nos veamos o hablemos, se pueda concretar la idea definitiva. Así de fácil!

También me pareció interesante echar un vistazo a sus orígenes, los materiales que se utilizaban tradicionalmente… y vaya! He encontrado un montón de teorias y hipótesis sobre el tema: por ejemplo, que su origen se encuentra en los grilletes que los bárbaros ponían a las prisioneras que después serian sus esposas; en cuanto a su significado, los hay que ven connotaciones sexuales en el momento en que el hombre pone la alianza a la novia. Hay debate sobre el tema, y yo os haré un pequeño resumen de lo que me pareció más interesante.

Los egipcios, 2.000 años AC, ya las utilizaban como símbolo de compromiso: se intercambiaban anillos, que por su forma circular representaban la eternidad, lo infinito de su amor. Estos anillos solian ser de tela o hierro: las clases sociales más altas, los hacían fabricar en oro. Cada año renovaban su compromiso… y los anillos!

Los griegos adoptaron esta costumbre pero además, pensaban que en el dedo anular existia una vena que llegaba directamente al corazón. La llamaban «vena del amor», por lo que la alianza se llevaba en este dedo… pero esto varía en función de cada cultura: los hebreos colocaban el anillo nupcial en el dedo índice; en la India en el pulgar… aquí lo llevamos en el anular izquierdo y en otros lugares, en el anular derecho.

En la antigua Roma, el marido daba a la esposa su sello al casarse, no tanto como ornamento, sino para sellar las cosa de la casa: aseguraban arcas, cajones y otros utensilios que conservaban en las despensas para evitar robos. Así, el anillo era señal de la promesa de matrimonio… a la vez que un elemento práctico.

Con la llegada del cristianismo, que adoptó la costumbre de intercambiar los anillos, pese a su origen pagano, esta tradición ha llegado hasta nuestros días y se ha convertido en el símbolo por excelencia del matrimonio. El oro simboliza valor y durabilidad.

Después de esta pincelada de historia, os dejo algunas de las alianzas que han salido de mi taller: las hay de oro amarillo, de oro blanco, de plata, de plat y oro… acabado brillante, acabado mate, grabadas,… redondeadas, cuadradas,… atrevidas, clásicas,… elaboradas a la carta! Y también, dos ejemplos de parejas, que en lugar de intercambiarse anillos, decidieron intercambiarse pulseras. ¡Vosotros decidis!

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